Batman: La Broma Asesina, de Alan Moore y Brian Bolland

Guión: Alan Moore. Dibujo: Brian Bolland. Publicado originalmente en marzo de 1988.

Batman: La Broma Asesina, de Alan Moore y Brian Bolland

Cuando salga esta reseña, ECC Ediciones ya habrá sacado al mercado Grandes Autores de Batman: La Broma Asesina, un tomo en tapa dura que recopila esta obra de arte del maestro inglés. Jamás cuarenta y cuatro páginas de historia han dado para tanto: debates, ideas, homenajes, secuelas…

Desde su impactante portada, imitada hasta la saciedad en todo tipo de géneros, hasta (sobre todo) su impactante guión y la gran cantidad de mensajes ocultos que contiene. La obra ha dado que hablar en todos sus aspectos.

Dudo mucho que a estas alturas ningún lector de esta página no haya leído la historia; dudo también que la publicación sea para novatos, y más bien será con miras a quienes no pudieron pillarla en su época. Alan Moore decidió darle un posible origen a un villano del que no conocíamos nada y lo hizo por la puerta grande…

Pero si no lo has leído, ¡PARA INMEDIATAMENTE! No quiero ser culpable de estropearte el placer de tu primer contacto: disfrútala y vuelve por aquí en unas semanas.

Hace poco tuve la oportunidad de ver una obra de arte en forma de documental sobre DC, donde un joven Alan Moore les gritaba a los fans “Hago comics para que penséis, no me preguntéis que he querido decir, pensad vosotros mismos”.

Y aquí bien que lo consigue, pienso que el título va en varios sentidos, la que intenta hacer el Joker o la que el autor hace con nosotros, pues dice mucho y a lo mejor no ha dicho nada, eso depende del punto de vista del lector.

Hace meses el cómic ha vuelto a estar en boca de muchos cuando Grant Morrison declaró que al final esa risa que se diluye con la sirena del coche de policía significaba la muerte del Joker a manos de Batman. No puedo estar más en desacuerdo con el señor Morrison: yo veo un par de viñetas más abajo que todo acaba tal y como empieza con lluvia, un símbolo de que al final todo sigue igual, el eterno bucle de lucha entre el murciélago y el payaso continua inmutable. Es verdad que cuando alguien tiene una teoría siempre es fácil defenderla, pero es que las imágenes de distintas versiones del Joker siembran la obra, desde las primeras a más recientes, todas con un estilo perfectamente imitado por Bolland.

Y eso no es todo. Siempre me he hecho una pregunta… ¿puede una viñeta en flashback marcar a toda la obra? Es algo que me ha venido siempre a la cabeza. Citando al propio villano:

“¿Qué te ocurrió? ¿Que te hizo convertirte en lo que eres? ¿Una novia aseisnada por una banda? ¿Un hermano descuartizado por algún asesino?”

“Algo así. Seguro. Algo así. Algo parecido me ocurrió a mí. No… No sé exactamente como fue. A veces lo recuerdo de una forma, a veces de otra…”

“Si debe tener un pasado mejor que sea múltiple”.

Hay una viñeta en el bar, donde el cómico fracasado se entera que su mujer está muerta y llora de desesperación, vemos a un personaje detrás que… ¿Podría ser el Joker? ¿Y si ha escuchado parte de la historia y cosido los retales a su gusto?… No lo sé, seguramente solo el propio Alan lo sabe.

Alan nos ofrece un Batman solitario, sin Robin y casi sin Alfred, Bruce Wayne no aparece más que en dos viñetas. Gordon le es arrebatado y arrastrado hasta casi la locura, y Batgirl deja de existir. Está alejado del universo superheroico, es un justiciero sediento de venganza, a un solo paso de transformarse en un asesino.

La carga psicológica de la obra es enorme: viñetas que repiten posturas para encadenar la historia, imágenes reflejadas y deformadas por espejos y cámaras, aspectos tribales como el trono de cabezas de muñecas, un Joker triste y un Batman que por primera vez ríe de forma insana.

Todo se nos muestra como sólo Brian Bolland puede; si hubiesen escogido a un dibujante más espectacular, que se perdiera en viñetas grandes la opresión hubiera disminuido. Aquí la espectacularidad no está en el dibujo, está en la narración.

Una maravilla que sin dudarlo hizo madurar a un personaje que llevaba demasiado tiempo en una guerra sin fin.

Escrito por Manuel Santamaría Barrios.